¿DESALOJO IDENTITARIO DEL BARRIO?

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Buenos Aires Sos.- Julio 2009.- (Por Catalina Cabana).- Desde hace ya un tiempo hasta ahora, el barrio esta padeciendo una especie de dicotomía, se encuentra entre la perdida identitaria, y la ganancia modernista. Durante la década del ´80, bajo la denominación de “Bronx Porteño”, el Abasto albergaba a muchos inmigrantes de países vecinos que venían buscando una mejora salarial. Uno de los primeros desalojos que sufren en el barrio, fue en el momento en el cual se decidió la instalación del Hipermercado Coto, en las cercanías del Mercado.

 

Para su construcción debieron demoler todas las casas de arquitectura inmigrante, de la manzana comprendida por Agüero, Humahuaca, Guardia Vieja y Gallo. Para lograr dicha demolición, era necesario que quienes la habitaban, legalmente o no, no estuviesen. Por lo que por la noche se los llevaban para “averiguación de antecedentes”, y al ser puestos en libertad por la mañana, ya no encontraban su “vivienda”. En su lugar, había un pozo enorme con los cimientos del Hipermercado. Esta metodología de desalojo, no ha sido vuelta a utilizar, al menos en el barrio.
El desalojo más importante que sufre el barrio, es el de su identidad o esencia. Su espíritu continúa exacto, sin embargo los lugares emblemáticos están desapareciendo. Casualmente, son demolidos de la noche a la mañana.
Una de las últimas desapariciones ha sido la del O ´Rondeman, que si bien estuvo en peligro de derrumbe durante muchos años, todavía sobrevivía. Antiguos puesteros del mercado solían juntarse en la esquina de Guarda Vieja y Agüero en defensa del bodegón. Si queremos visitar en lugar en donde Gardel entonó sus primeros tangos, debemos pedir permiso al consorcio del nuevo edificio y visitar el sótano o bauleras, ya que no ha quedado nada de dicho bar.
Los lugares característicos de la historia del barrio, se han ido transformando en lugares modernosos. La esquina del Chanta Cuatro es un importante cena show de tango, que si bien respeta la arquitectura, ya no es el lugar donde los vecinos pueden ir a degustar una excelente sopa de cebolla. Y el Mercado, monumento que ha dado nombre al barrio, es un injerto arquitectónico en el cual se han empeñado en hacer desaparecer su belleza original. Su robustez y estética maciza es hoy vidrio y liviandad. Por suerte, quienes conocimos el antiguo mercado todavía podemos entrar y verlo como si no hubiera desaparecido, y espero podamos hacer lo mismo con la identidad de nuestro barrio. De esta manera, lograremos que perdure más allá de los infinitos intentos que hay por hacerla mutar. (Fuente: Revista El Abasto, n° 110)

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