Garcia Cueva alertó por la construcción del templo mormón
— 21 mayo, 2026 0 3
El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva denunció que las obras de peatonalización del gobierno porteño en la calle Viamonte generaron grietas en el convento histórico de Santa Catalina de Siena, y advirtió por el proyecto de construcción de un megatemplo mormón en la zona.
Ayer, García Cuerva celebró una misa y expuso el “riesgo estructural” en la iglesia Santa Catalina, un templo fundado en 1745, declarado Monumento Histórico Nacional. Desde la semana pasada, el templo está cerrado al público y cada ceremonia se celebra en el exterior, en el atrio en la intersección de San Martín y Viamonte.
“Si peatonalizar la calle Viamonte ha generado este tipo de rajaduras, no quiero ni imaginarme lo que puede generar otra edificación importante en la misma manzana”, sostuvo García Cuerva, al finalizar la misa.
El sacerdote advirtió que estas rajaduras, detectadas desde el jueves pasado y ausentes en registros fotográficos de 2024, se produjeron tras el inicio de los trabajos y reiteró su oposición a cualquier gran edificación en la manzana, como la construcción de una sede de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que fue aprobado por la Justicia, tras la revocación de una cautelar. El sitio, que tendrá 36,5 metros de altura, estará ubicado a pocos metros de Santa Catalina.
“Mi postura ha sido siempre la misma: si bien el terreno de al lado es un terreno privado, vendido a un privado, creo que en una manzana colonial no es bueno ningún tipo de construcción. Si fuese una iglesia católica, tendría la misma opinión”, definió, y remarcó: “Estos edificios coloniales no tienen cimientos y requieren una preservación mucho más cuidadosa que cualquier otro tipo de construcción”.
Durante la homilía, el sacerdote atribuyó el deterioro a las recientes obras de peatonalización la reciente intervención urbana. Tras la aparición de las fisuras, marcadas con cintas por las autoridades del templo, los trabajos se suspendieron de modo provisorio. Ahora mismo todo está frenado en esa cuadra, que está cerrada al tránsito, con máquinas a lo largo de su traza y vallados.
“Hablé con el jefe de gobierno el lunes y hoy seguramente reciba al secretario del área. Nuestra postura es clara: queremos preservar este Monumento Histórico Nacional, un templo de 1745”, explicó ayer el arzobispo ante periodistas. “Creemos que es necesario sentarnos, analizar la situación y que los técnicos, también del lado del Arzobispado, nos ayuden a encontrar una solución”, completó.
Según se informó, antes del inicio de los trabajos de peatonalización se había realizado una evaluación y relevamiento del estado del edificio. Las autoridades del Gobierno sostienen que las grietas atribuidas a la obra ya existían, pero esta interpretación es rechazada por el equipo del templo, que afirma contar con registro fotográfico reciente como evidencia.
Respecto a este punto, García Cuerva puso de relieve el valor arqueológico de la parcela anexa: “En el terreno lindero hay dos cementerios registrados: uno colonial de las hermanas religiosas y otro de familias afroamericanas, con lo cual también merece respeto”.
La iglesia y el claustro de Santa Catalina, fundados hace 281 años, constituyen uno de los pocos conjuntos coloniales sobrevivientes en el centro porteño. Hasta 1974 estuvieron habitados por las hermanas dominicas, momento en que se trasladaron a San Justo y el Arzobispado asumió la custodia de los inmuebles, que se reconvirtieron en museo y cafetería, además de punto de culto diario.
Es el edificio más antiguo del centro porteño. A ese mismo patrimonio hizo referencia el arzobispo en su prédica. “No todo lo pasado y todo lo anterior es viejo y hay que destrozarlo. Nos construimos sobre nuestro pasado, con las raíces”, dijo ante los fieles.
El responsable del Arzobispado resaltó además el papel del templo y el monasterio en la historia urbana. Recordó la participación de las religiosas en las invasiones inglesas de 1807, y cómo el general Liniers agradeció públicamente a la comunidad tras las 30 horas de cautiverio sufridas por las monjas, dato consignado en una placa en el interior del edificio.
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