El conservatorio Manuel de Falla : el arte de la precarización

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(Por Micaela Sampietro) Falta de presupuesto, ausencia de un proyecto educativo-cultural e inestabilidad laboral: el triste escenario que se vive en el conservatorio de música “Manuel de Falla” de la ciudad de Buenos Aires.

“Lo que pasa acá, sucede en todos los espacios culturales de la ciudad, en el Teatro Colón, en la Usina del Arte: reducir el personal y achicar el gasto. Después, cuando todo está destruido, pareciera que sucedió solo y listo. Nosotros estamos poniendo el cuerpo para que esto no se caiga a pedazos”, afirma Lucas Urdampilleta, docente de piano en el Conservatorio Superior de Música “Manuel de Falla” y en el “Astor Piazzolla”, ambos dependientes de la Dirección General de Enseñanza Artística (DGEART) del Ministerio de Cultura porteño.

“El Falla” es una institución pública y gratuita que, además de impartir clases de música, es un centro terciario de formación docente. De la DGEART también dependen la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD), el Instituto Vocacional de Arte (IVA) y el Instituto de Investigación de Etnomusicología,y todos padecen la misma situación de desidia a manos del Ejecutivo de Larreta.

Pese a sus más de 100 años de historia y ser uno de los conservatorios más prestigiosos del país, el Manuel de Falla no tiene edificio propio. Antiguamente funcionaba en el Centro Cultural San Martín, pero hace 15 años fue desplazado a la sede de Gallo, en el barrio de Almagro, donde comparte espacio con el Conservatorio “Astor Piazzolla”. Cuenta con cinco anexos, de los cuales cuatro funcionan en otras tantas escuelas primarias durante el turno vespertino.

Más allá de las disputas por el espacio, las infraestructuras de las sedes no están preparadas para la enseñanza de música. La principal no dispone de salas acustizadas, sitios aptos para dictar clases, lugares de guardado de los instrumentos, ni tampoco ventilación e iluminación adecuadas, circunstancia que se repite en los anexos de las escuelas.

El abandono de la DGEART es evidente si se repara en la distribución del presupuesto. Este escenario no es nuevo, pero se agudizó tras la pandemia. Ambos conservatorios carecen de artículos de higiene básicos como jabón, lavandina o papel higiénico, o siquiera insumos administrativos.

El Manuel de Falla requiere de una amplia variedad de instrumentos de uso diario que deben ser mantenidos, sin embargo, todos se encuentran en franco deterioro. La gran mayoría de los agujeros se emparchan con reparaciones caseras, la voluntad de docentes, estudiantes, auxiliares y la cooperadora, aunque no dejan de ser soluciones paliativas.

Eduardo, auxiliar y encargado de los instrumentos, cuenta cómo entre alumnos y docentes arreglan algunos elementos haciendo lo que él llama “Frankensteins”: reparaciones caseras con materiales reutilizados, como fierros para reparar las baterías y atriles.

Del mantenimiento de los pianos se encarga un docente que, de forma gratuita y en su tiempo libre, se ocupa de pasar por las aulas para afinarlos. ¿Cuál es la cínica respuesta de la DGEART? Que esas tareas no le corresponden.

“Van erosionando la institución de a poco con la falta de recursos, insumos, malas condiciones de trabajo y estudio. Anímicamente nos destruye. Esta es una institución artística de más de un siglo, se debería respirar otro aire. Estamos constantemente lidiando con la cotidianidad”, sostiene Urdampilleta.

En cuanto a los docentes, el 85 por ciento son interinos. La última titularización fue en 2011 y desde entonces no se han modificado las categorías de quienes hoy ya tienen 11 años de antigüedad. Al no estar titularizados, se encuentran en estado de precarización laboral.

Lautaro Soria, uno de los delegados gremiales por la Unión de Trabajadores de la Educación (UTE) del Manuel de Falla, considera que “la falta de titularizaciones es un problema a nivel sistema, general para todos los institutos de cultura”. “Creemos que está ligado al tema de la UniCABA –señala–. Genera suspicacia que en la última reforma del Estatuto Docente se haya titularizado el nivel medio dejando de lado el superior”.

“Cuando los porcentajes de interinato empiezan a estar en torno al 80 o 90 por ciento, pareciera que fuera prescindible casi todo el personal docente. La conducción política del Gobierno de la Ciudad entendió que puede construir las conducciones de las escuelas que a ellos les conviene”, agrega Soria.

Mientras el Gobierno de Larreta apuesta por una formación docente propia –e inconsulta con los actores del sistema–, a la vez ha ido retirando el sustento económico a los centros existentes, en especial los de artes. A esto se suma que la DGEART ha descuidado su función educativa desde hace por lo menos 15 años, algo que en la actual gestión se ha profundizado al punto de no tener una propuesta pedagógica que ofrecer a las instituciones que de ella dependen. No hay un proyecto claro ni intenciones de desarrollarlo.

“Han dejado de intervenir pensando en el buen funcionamiento y las problemáticas de los institutos. Se cambiaron asesores pedagógicos por productores de eventos. Los recursos están, pero se destinan a montar conciertos y espectáculos, en mostrar de los institutos lo que les conviene en términos políticos dejando de lado la labor educativa”, asegura Soria.

Bajo estas condiciones, ¿cuál es el futuro del Conservatorio Manuel de Falla y el resto de las instituciones de arte de la Ciudad de Buenos Aires? Sin planificación ni recursos, están destinadas a seguir a flote sobre el umbral mínimo de subsistencia gracias al esfuerzo de quienes las habitan. Todo indica que ese es el lugar de la cultura en la agenda del Gobierno porteño. (Fuente: Anccom)

 

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