VILLAS MISERIA, PROBLEMA GEOPOLÍTICO (II)

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Buenos Aires SOS.- 28 de diciembre de 2010.- (Por Juan Carlos Chaneton).- Se dice que la población urbana en las villas de emergencia de la Ciudad de Buenos Aires  aumentó dos veces en los últimos diez años. Se dice también que el 39.4 de la población argentina es pobre.  Se dice que la economía lleva  siete años creciendo a “tasas chinas”, esto es, un 7 a 8 por ciento. Y se dice, por último, que crecimiento significa riqueza, pero, en nuestro caso, riqueza acumulada en la cúpula de la pirámide, y que la transferencia de esa riqueza hacia la base es harto problemática.

En este contexto general, el panorama en los asentamientos de emergencia muestra que éstos han perdido su carácter provisorio para adquirir estatus de permanencia. Y así, las villas 31 y 31 bis, de Retiro, duplicaron su población desde 2002 y, actualmente, viven su propio “boom” inmobiliario: se alquilan piezas misérrimas a inmigrantes e, incluso, se construyen  “hoteles” para alojar, también en condiciones deplorables a quienes llegan en busca de salida laboral.

Ratificamos, entonces, que el crecimiento de la población villera en la Capital Federal es explosivo: su número se duplicó en la última década.

El gobierno porteño difundió los resultados finales del censo que realizó el año pasado en las villas de Retiro. Un tercio de esa población no tiene agua corriente y un 19% no completó la escuela primaria.  De acuerdo a datos del censo realizado por la Ciudad de Buenos Aires en las villas 31 y 31 bis de la zona de Retiro, éstas duplicaron  su población ya que mientras que en 2001 se registraron 12.204 habitantes, en este último relevamiento se contaron 26.403 personas.
Además, el estudio señala que el 20% de dicha población, donde el 50% nació en el extranjero, afirma haberse mudado a los asentamientos entre 2000 y 2004, y otro 38% dice que vive allí desde 2005.

Asimismo, destaca que mientras que en toda la Ciudad los menores de 30 años son apenas el 40% de la gente, en estos asentamientos superan el 68%. Casi no hay adultos mayores y ancianos: apenas el 2,1% supera los 60 años (fuente: Infobae.com).

En cuanto a la educación, el 3,7% de la población jamás asistió a una escuela, cuando el promedio de la Ciudad, en este rubro, es de apenas el 0,3%, según informa el diario Clarín.

Cabe destacar que en diciembre último, el Gobierno porteño ya promulgó la ley que dispone urbanizar los asentamientos, aprobada por unanimidad por la Legislatura. El plan es no desalojar a nadie y construir la infraestructura común, como las calles o los tendidos cloacales y de agua.

Junto con el crecimiento demográfico está cambiando la fisonomía de los precarios asentamientos. Las casillas de chapa y cartón van quedando atrás y son reemplazadas por ladrillos, cemento y vigas para dar cabida a sus habitantes.

Datos del censo realizado por el Gobierno de la Ciudad

La villa 1-11-14 es la más grande de la ciudad: pasó de casi 5.000 personas a más de 21.000. Está ubicada en el Bajo Flores, frente el estadio de San Lorenzo, y una  esquina clave para arribar a ella es Cobo y Curapaligüe, lugar al que los taxistas suelen acceder al traslado del pasajero siempre que sea de día. De noche… ¡…bajate, pibe…!, buscate otro taxi…

En el año 2000 comenzó la edificación de 659 viviendas, y se han pavimentado trechos de las calles Esteban Bonorino, Rivera Indarte y Riestra. También se ha eliminado un basural. Y la Comisión Municipal de la Vivienda (CMV) ya levanta los cimientos y las columnas para la construcción de otras 95 casas.

El comercio de paco, cocaína y marihuana es fuente de negocios para pocos punteros con apoyos institucionales varios y ocasiona perjuicios a muchos consumidores, en su inmensa mayoría jóvenes.

Como hemos afirmado más arriba, según datos del INDEC y del Gobierno porteño, la población residente en villas de emergencia de la Ciudad se duplicó en los últimos diez años: saltó de 52.000 personas a 116.000, de acuerdo con relevamientos recientes de la Comisión Municipal de la Vivienda.

A su vez, la Ciudad contabilizó en 2001 ocho nuevos asentamientos: tenía 16 y ahora tiene 22. Se sumaron en esta década Villa Dulce,  Piletones, Carrillo 2,  Calacita, Reserva Ecológica, Ciudad Universitaria, Ex AU7 y Ex Fábrica Morixe, donde hoy viven más de 5.000 personas. De todos modos, lo más llamativo es el vertiginoso crecimiento de algunas villas de larga data: la 31 y 31 Bis, en Retiro, de unas 12.000 personas pasó  a más de 26.000 en la última década; la 21-24, en Barracas, de más de 10.000 a más 16.000, y la 3, en Soldati, de 3.500 y 7.100.

Otros  datos del INDEC  son significativos: en 1991, el 76,8% de la población que residía en villas era nativo; actualmente, sólo el 59% nació en la Argentina.  Es  que muchos extranjeros que habían llegado al país seducidos por el uno a uno no pudieron hacer frente a la nueva realidad.

El desempleo, la caída del ingreso y el aumento de los precios dejaron a mucha gente en la calle. La crisis generó una gran presión sobre la Ciudad, porque era el lugar donde el desempleado sentía que se la podía rebuscar. Esto agudizó la problemática habitacional y duplicó la demanda de asistencia por parte del Estado. Hoy, en Capital, hay 700.000 personas por debajo de la línea de pobreza y 300.000 indigentes.

La solución para lo  inmediato, ya ha sido delineada en estas notas: hay  que convertir las villas en barrios. Eso sería radicar, es decir, arraigar a los pobladores al suelo que habitan ya hace mucho tiempo. Se eliminarían, así, de paso, los focos de tensión social, pues al percibir al “villero” como a alguien ajeno, el habitante de casas o departamentos de clase media  lo rechaza con argumentos varios, entre los cuales está el de que “mi casa pierde valor con una villa enfrente”.

Addenda

La fragmentación social no sólo es moralmente reprobable; es políticamente peligrosa. La discriminación, la xenofobia y el racismo laten por doquier en el escenario de la pobreza y de la indigencia en la Argentina. El tema, repetimos, no es moral solamente. También es un problema jurídico y, en última instancia, político. Discriminar aquí desde las más altas esferas del Estado a paraguayos, peruanos, bolivianos y uruguayos significa no entender el oficio de gobernar en el mundo globalizado de hoy.

La Argentina no sólo está compelida legalmente a actuar de un determinado modo en el concierto de las naciones debido a los tratados que ha firmado y ratificado (aspecto jurídico), sino que, asimismo, no puede borrar con el codo lo que escribe con la mano pues de la continuidad y coherencia de sus políticas de Estado depende en mucho su credibilidad y respeto en el escenario global. Este es el aspecto político del asunto.

Recientemente, en la cumbre del Mercosur realizada en Foz de Iguazú, nuestro país fue motor esencial para la adopción del Estatuto de Ciudadanía. Éste constituye un plan de acción para la futura conformación de un instrumento jurídico que otorgue a los habitantes de nuestros países derechos y beneficios concretos en su calidad de ciudadanos del Mercosur. Para ello, el plan prevé como objetivo la libre circulación de personas y la igualdad en las condiciones de acceso al trabajo, la salud y la educación. El plan incluye acciones concretas en materia de reconocimiento de títulos, reducción de tarifas en telecomunicaciones regionales, facilitación de trámites en frontera, entre otros.

Proceder de este modo es gobernar en el más alberdiano de los sentidos.
En nuestra nota I hemos planteado los dilemas y problemas estratégicos que plantea la asimetría demográfica en la Argentina, así como las soluciones que percibimos para el largo plazo.

En la segunda parte de estas reflexiones, hemos tratado de poner la lupa sobre el microcosmos de las villas miseria de la ciudad de Buenos Aires para medir su realidad cotidiana y proponer algunos cursos de acción que, provisoriamente, sirvan para desactivar la potencial amenaza que significaría la desatención  del problema.

Trabajar para la ciudadanía común del Mercosur es una obligación del gobernante pero requiere de premisas materiales sin las cuales todo esfuerzo será vano y todo análisis retórica vacía e inconducente.

 

 

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