PARA RICARDO PIGLIA «LA REALIDAD ES MÁS CONFUSA QUE LA LITERATURA»

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Buenos Aires SOS.- 22 de septiembre de 2011.- (Por Juan Rapacioli).- El escritor Ricardo Piglia subrayó el miércoles que «la realidad es mucho más confusa que la literatura», en el marco del ciclo «La Ficción y sus Hacedores», que conduce Silvia Hopenhayn en la Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes.

«La realidad está mucho más invadida por elementos que no tienen la forma de una historia que avanza en dirección única; hay una serie de cuestiones presentes y que están en primer plano en la literatura contemporánea -destacó-. Hay una poética actual que cree que si uno cuenta su vida, eso produce una suerte de intimidad».

Acerca de la tensión entre los hechos reales y los ficticios, el escritor indicó que «normalmente uno imagina que los relatos que suceden en la realidad serían aquellos que resultan más fáciles de contar. No creo que sea así. Me parece que en cualquier experiencia personal hay una cuestión más compleja que la claridad que suelen tener los relatos ficticios: la realidad es mucho más confusa que la literatura».

Ante un multitudinario auditorio, el escritor comenzó su disertación con un análisis sobre la relación entre moral y género policial: «podría decirse que el policial tocó algo del imaginario social; eso explica la difusión impresionante que tiene. En una sociedad como la nuestra, donde la moral parece siempre justificarse por posiciones o pretextos, hay como un ansia de moralidad que el género policial pone en juego».

«El género fue inaugurado por (Edgard Allan) Poe, a mitad del siglo XIX, con esos tres relatos -«La carta robada»; «Los crímenes de la calle Morgue» y «El misterio de Marie Rogêt»-, inventando la relación entre el detective, el criminal y la víctima, que luego fue expandiéndose y generando una literatura de gran tradición, muchos filmes y series de televisión», explicó.

Y agregó: «Pero, en definitiva, en el policial, el crimen termina por resolverse de alguna manera; no tiene nada que ver con la realidad, donde aunque se descubran algunos sospechosos, nunca se termina de saber quiénes son los responsables de los grandes crímenes -reflexionó-. El género provoca un efecto de compensación».

«Creo que la novela, que ha tenido múltiples transformaciones a lo largo del tiempo, es un género muy difícil de definir, porque hay muchas novelas de muchas formas. Sin embargo, lo que unifica al género desde el principio son los personajes», subrayó.

Sobre su novela «Respiración artificial» (1980), expresó que «era una época terrible; la escribí entre el 77 y el 80, no quise poner marzo del 76 porque me parecía demasiado explicito; por eso la historia comienza en abril».

«El punto de partida de la novela es que un profesor de historia, tío de Emilio Renzi -personaje habitual en la obra de Piglia-, le empieza a mandar una serie de cartas porque se siente perseguido por la dictadura; es un profesor que se ha ido a refugiar al interior del país, y por proteger a uno de los estudiantes, comienza tener problemas con la represión».

A su vez, «el profesor está trabajando desde hace mucho tiempo en una biografía de un personaje del siglo XIX, no quiere que se pierdan esos papeles y como sabe que corre peligro, se pone en contacto con Renzi para dejárselos: ese es el tema de la novela».

En cuanto al placer de la escritura, el autor aseguró que «hay momentos en que es una experiencia muy placentera y otros en que no lo es; cuando trato de transmitir algo, me interesa encontrar el tono; no el estilo en el sentido estricto. El tono es la relación que el narrador tiene con la historia que está contando, puede ser una relación de desprecio, de ironía, de pasión…», enumeró.

«Hay una frase de Borges o de Barthes que dice `el que escribe no es el que es y el que narra no es el que escribe`, me parece un buen movimiento: hay una distancia entre la persona que escribe y la persona real y hay una distancia entre el autor y la voz del relato -explicó-. Cuando uno quiere seguir leyendo una novela, es porque quiere seguir oyendo esa voz».

Sobre «Blanco Nocturno», su última novela, ganadora del Premio Rómulo Gallegos Venezuela 2011, sostuvo que «tenía ganas de escribir una historia en donde las mujeres no fueran como son en las novelas, por lo menos en las escritas por los hombres».

«En general, en las novelas, las mujeres son el desencadenante de una situación, el objeto del deseo, son figuras que causan casi de manera involuntaria los acontecimientos; se podría decir que las grandes heroínas de las novelas son llevadas por la historia: me interesaba una novela en donde las mujeres fueran activas».

Por último, indicó que «cuando un escritor habla de sus textos, lo único que puede decir es cómo lo hizo, no puede interpretar el sentido que tiene lo que escribió, pero sí se puede contar el modo en que esas historias se fueron construyendo».

«Mis novelas me llevan mucho tiempo porque hago muchas versiones, tiendo a dejarlas reposar, a veces varios años, porque cuando vuelvo encuentro que el relato ha cobrado vida propia», concluyó.

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