PAPPO: LA PATERNAL, DOS NACIMIENTOS Y EL BLUES URBANO

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Buenos Aires Sos.- 23 de julio de 2010.- (Por Héctor Sosa).- En un reportaje exclusivo que le hicieron, con motivo del centenario de La Paternal, le preguntaron: «¿Qué es La Paternal para vos, Pappo?», a lo que el Carpo respondió «¿Cómo qué es La Paternal para mí?, La Paternal es mi casa… A pesar de que me fuí mil veces, siempre regresé a mi barrio».

Ese era Pappo. El que hace mil años, a fines de los ’60, huyó de los primeros Los Abuelos de la Nada porque consideraba a Miguel Abuelo «un hippie como el Che Guevara»; el que le puso rock al beat de Los Gatos; el que entró en los 70 endemoniado por obra y gracia de Jimi Hendrix, el Eric Clapton de Cream, Muddy Waters y Albert Lee; el que fundó sin proponérselo una mitología a través de una personalidad monolítica y sin mayores matices: lo suyo era el rock and roll y el blues, la casa familiar de La Paternal, el taller mecánico de su padre, la Harley Davidson , el Chevrolet y las mujeres, si eran rubias : la gloria.

El que iba y volvía de los tugurios del bajo Londres o los que se encontraban al borde de la ruta 66, en los Estados Unidos.

El que iba y volvía de blues y el rock (chato, brillante o metálico).

El que iba y volvía del taller donde trabajaba en la avenida Warnes.

El que, como buen tano, la vieja y el viejo jugaban en su cabeza y en su endemoniado punteo de viola,

Qué nos ocurre después de tanto tiempo, reflexionamos al vernos al espejo; qué es lo que pasa, me estoy viniendo viejo,
no se ya qué pensar, si ya no se qué es lo que pienso”,
decía en “El viejo”.

Mi vieja va a plaza con pancartas,
con las pancartas que yo mismo le armé
ella protesta porque ya esta harta
de que le afanen una y otra vez
de que le afanen una y otra vez..”,
decía en “Mi Vieja”

La parca lo encontró en su propio cielo: asado, buenos vinos, un par de porros, moto, ruta y un coche de frente.

El velatorio fue ambulante. De las casas chorizos de la centenaria Paternal salían viejas, viejos, jóvenes rolingas y cumbiancheros y un ejército troyano de motos acompañó su vuelo. El mismo vuelo que lograba cuando se encontraba con el troesma BB. King y dejaban que los ángeles y el diablo pararan sus viajes para escucharlos.

Sus amigos le brindaron su homenaje barrial, en la esquina de Juan B. Justo y Boyacá.

Y el Carpo regaló su pequeño himno, de esos que parten y unen territorios. No hay principiante y no existió rockero de ley que no haya andado con “Desconfio de la Vida”. Quizás el resúmen de un escéptico urbano que con acordes chillados y voz pelar de “machismo” decía:

“Un viejo blues me hizo recordar momentos de mi vida,
mi primer amor,
pero aqui estoy tan solo en la vida,
que mejor me voy”.

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