MALA HAMBRE

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Buenos Aires Sos (BAS).- Julio 2007.- (Por Cecilia Ceriani).- Son muchos, montones. No es nuevo. Vienen siendo muchísimos desde hace tiempo. Cada año, cada mes o cada tanto se cuelan por entre los medios para avisarnos que son un poco más. Un poco que es mucho porque sí, porque es un número enorme; un poco que es mucho porque aunque fuese uno sólo sería un exceso. Son muchos. Tal vez hasta dejaron de ser noticia por su número y ahora lo son por ser múltiplo, por ser porcentaje, por ser tantas veces más que los que eran antes, por ser una fracción cada vez más significativa del total. Una fracción injusta, claro, porque al entero no lo forman partes iguales. Son muchos y son ellos, cada uno con un nombre. Pero son tantos que mejor pensar en cómo llamarlos a todos juntos. «Refugiados del hambre», propuso Jean Ziegler, relator de la ONU sobre el Derecho a la Alimentación. Lindo nombre, tan libre de responsabilidades. Salvo para el hambre, que lo merece, tan mala que es, que crece a su antojo y colabora con la fracción injusta. Lindo nombre propuso Ziegler, quien también sugirió elaborar una nueva norma internacional que dé reconocimiento a esa figura, la del «Refugiado del hambre». Dijo que, así como se da refugio por razones políticas, étnicas o religiosas, debería reconocerse que la incapacidad para alimentarse también es una causa legítima para buscar amparo en otro país. Será que a algunos los corren por sus políticas, sus etnias o sus religiones y a otros los corre el hambre, tan mala que es. Son muchos, montones los que tienen hambre, los afectados por un estado crítico de desnutrición calificado como «grave y permanente». Ya son 854 millones. O 12 millones más que el año anterior. O uno de cada seis habitantes del mundo. Un mundo que produce alimento más que suficiente para todos, pero en el que un tercio de la población de África sufre de desnutrición crónica. Un mundo, un entero que se convierte en fracción cada vez más injusta. Ziegler, es cierto, también acusó a la Unión Europea de implementar políticas económicas que perjudican a los campesinos más pobres. Y agregó que en 2006, el hambre causó la muerte de un chico menor de diez años cada cinco segundos. Muchos muertos, algunos segundos. Eran pibes que pudieron contar hasta 20 para jugar a la escondida o hasta 1000 mirando estrellas. Pero no hubo tiempo, sólo contaron hasta cinco. Hambre mala, que hasta les robó juegos y sueños. (Artículo publicado en Pelota de Trapo)

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