LUNA PARK

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Buenos Aires Sos (BAS).- Abril 2007.- Cuántos ciudadanos habrán asistido a sus espectáculos, cuántos habrán sufrido al ver derrotado el boxeador favorito o cuántos habrán aplaudido a los músicos que por aqui pasaron. En 1912 un italiano, Domingo Pace, abrió, en la calle Rivera una feria de entretenimientos, a la que llamó Luna Park. No tuvo éxito y debió cerrarla. Al morir Pace, su hijo Ismael continuó al frente del negocio, asociándose con José Lectoure, en un local de la calle Carlos Pellegrini y Corrientes. Al ensancharse la calle Corrientes, en 1926, se mudaron al terreno actual.

El estadio -ubicado entre las avenidas Corrientes y Eduardo Madero, y las calles Bouchard y Lavalle de la Capital- fue levantado sobre un terreno ganado al Río de la Plata durante la construcción del Puerto Madero, a fines del Siglo XIX. En 1931, la empresa Mariani Hermanos construyó sobre estos baldíos–que pertenecían al Ferrocarril Pacífico- una estructura de hormigón, hierro y madera que luego conformó las tribunas y el ring de boxeo, inaugurados el 6 de febrero de 1932. Años más tarde, se realizaron obras de remodelación. Fue entonces cuando el predio adquirió una imagen similar a la actual, lo que posibilitó que en 1961 fuera declarado como el “estadio cubierto más grande de América Latina”, con capacidad para 23 mil personas.

Entre esa lona y las cuatro cuerdas, se conocieron Perón y Eva. Desde las gradas, miles de alemanes, argentinos y austríacos agitaron esvásticas a comienzos de la Segunda Guerra, celebrando la invasión nazi a Austria. Por esos vericuetos deslumbraron Frank Sinatra y Pavarotti. Allí, un país entero lloró y veló a Carlos Gardel, a Ringo Bonavena y a Julio Sosa. Fue testigo de los golpes de Monzón, de Gatica, de Nicolino Locche, de Acavallo. Y vio caer, como si fuera cierto que en cada golpe se les iba la vida, a los titanes Martín Karadajián y el Hombre Montaña. Ese lugar acogió el bandoneón de Troilo y la orquesta de Pugliese. Allí, El 5 de septiembre de 1975, Sui Generis le dijo adios al duo y se convertía en el primer grupo de rock que llenaba el Luna Park por su cuenta.

El Luna Park, ese gigante de cemento símbolo de la argentinidad, desde febrero de este año, es monumento histórico nacional. “Con el Madison Square Garden neoyorquino y el Palais des Sports de París, el Luna Park constituye uno de los edificios más representativos de su época”, dice el decreto 123/07 de la Secretaría de Cultura de la Nación. Ser declarado Monumento histórico nacional significa que pasa, de ahora en más, a ser considerado de interés histórico por su representatividad socio-cultural. Esto implica que no puede ser sometido a reparaciones, restauraciones ni ser modificado sin la aprobación de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos.

El decreto 123/2007 sostiene que “como escenario de encuentros deportivos, espectáculos artísticos y convocatorias políticas por más de ochenta años, el Luna Park ocupa un lugar central en el imaginario de los argentinos”. Más allá de fríos decretos, el Luna Park ocupa un lugar muy importante en la imaginería colectiva de los ciudadanos porteños.

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