LA MENTIRA DE LA CULTURA «RENTABLE»

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Buenos Aires Sos (BAS).- Diciembre 2007.- (Por Guillermo Denis).- “Macri (Mauricio) y yo somos del PC, del partido de lo concreto”, dijo en tono de sorna y con cierto tufillo macartista, el actual ministro “polifuncional” de Deporte y Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Hernán Lombardi, a poco de asumir su cargo.

 

Empresario hotelero, hombre de confianza  Fernando de la Rua, amigo de Leopoldo Moreou, radical, gustoso integrante en la frustrada Alianza, del grupo Sushi, y privilegiado acompañante, en la Casa Rosada, del ex presidente, cuando en la Plaza de Mayo zumbaban las balas y los muertos se multiplicaban, Lombardi, al igual que su nuevo jefe, considera que «la cultura se puede atar al negocio turístico», del que él «casualmente» forma parte.
Negocio, rentabilidad, que las cuentas cierren, gestión ordenada, ir a lo concreto y ganancias, son los «pilares» donde se asientan lo que para el duo Macri-Lombardi  se debe entender como noción de cultura, en una ciudad que a lo largo de su historia, justamente, tuvo como valor marcatorio la generación (desde todas las variantes estéticas)  de una definitoria pluralidad de expresiones que hicieron de cada barrio, plaza, teatro, centro cultural o bibliotecas zonas de libertad de creación y expresión, haciendo que Buenos Aires sea Buenos Aires.
Una de las primeras resoluciones del gobierno PRO marca la orientación y el signo de la nueva gestión: cerrar el canal cultural de la Ciudad. Con el cual se puede estar de acuerdo en todo, parte o nada de su estética de contenidos, pero que nadie puede negar que es un medio público que abrió espacio a numerosas expresiones culturales.
Pero ése no es el punto. Sí lo es la razón que se dio para dejar en la calle a más de 100 actores, periodistas, pintores, camarógrafos, diseñadores y escritores , y esa razón es que
«da pérdidas económicas».
Lombardi y todo el gabinete PRO comparten esta visión. Con  esa mirada de viejos- jóvenes Chicagos Boy de los años 90, también pueden poner en el mismo casillero a los hospitales, las escuelas o la ayuda social.
Para una visión cultural-política de la vida invertir en cultura, salud y educación es un hecho de solidaridad social; para otra «los números así no dan, no vamos a gastar si no hay caja».  Recuerdo del remanido apotegma menemista «ramal que para, ramal que cierra».

Será una interesante tarea de todos los que han sido y son hacedores de cultura , en su más ancha definición, como podría ser » todo aquello que un ser humano produce desde el contexto de ciudad-mundo que le toca vivir, y que con ello ayuda a elevar la capacidad de sentir, pensar y recrearse espiritualmente de las personas», algo así como también ser de otrol PC: Pensar en Común.

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