IUNA:13 AÑOS,13.800 ALUMNOS,13 GRADUADOS DE ARTES

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Buenos Aires Sos.- Julio 2009.- (Por Nicolás Sagaian).- Desde su creación en 1996, el IUNA fue eje de numerosas luchas políticas. Pero, al parecer, las voluntades nunca se concretaron. Sus estudiantes y docentes denunciaron las “paupérrimas” condiciones edilicias, el “defectuoso plan de estudios”, la “persecución” y el “patoterismo” de las autoridades del Instituto Universitario Nacional de Arte. Pero, esencialmente, la existencia de “una currícula de materias que inventada para sostener sueldos de gente que ni da clases” que, de tan distinta a las disposiciones ministeriales, provoca que los títulos que se consiguen al recibirse en el IUNA prácticamente no tengan valor. Y eso para los pocos que superan el programa, que lleva ocho años completar.

 

Desde su creación, el Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA) ha sido controvertido por donde se lo mire. Y hoy no consigue una excepción. Es que de los 13.800 alumnos que ingresaron en las carreras de Artes Visuales de esa facultad, sólo trece se graduaron en los últimos diez años, en lo que es una estadística oficial admitida por el rector Julio FLores y que refleja la delicada situación y (des)organización de ese departamento de educación artística. Según los alumnos, las causas hay que buscarlas en las “paupérrimas” condiciones edilicias, en el “defectuoso plan de estudios” y en un ambiente anquilosado ante la “persecución” y el “patoterismo” de las autoridades; así como en la invalidez del título universitario a nivel nacional, por los graves desajustes que existen entre los planes de estudio que lleva adelante el IUNA y los que propone el Ministerio de Educación. “Varias circunstancias que habría que cambiar, para hacer valer como corresponde el verdadero derecho a la educación pública y gratuita”, coinciden profesores, ayudantes y alumnos, que luchan día a día por obtener “una facultad mejor”.

Sin embargo, reconocen que se les hace “difícil” porque el ambiente en el que trabajan “no es el más propicio para aprender ni enseñar, pese a que desde sus bases la universidad tiene una importancia académica sin precedentes”, explicó la docente Elsa Soibelman, que desde hace más de dos décadas trabaja en el Prilidiano Pueyrredón y hace diez en la órbita del IUNA. Ejemplos hay de sobra: desde que el IUNA se creó en 1996 –por un decreto ejecutivo de Carlos Saúl Menem–, la facultad estuvo enroscada en interminables luchas políticas y el foco se desplazó hacia allí, en lugar de poner todo el esfuerzo para que los estudiantes se reciban. Por eso espacios como el Prilidiano Pueyrredón, donde funciona el departamento de Artes Visuales, parecen “semiabandonados: las paredes son de pésimo estado y se agujerean con la humedad, se corta la luz con frecuencia y cada tanto se inunda el edificio”, ilustró Lucila Domínguez, que estudia Dibujo desde 2002.

La escena se repite en otras sedes, como la de Ernesto de la Cárcova, pero esas no son las únicas condiciones que hacen “muy difícil estudiar” en el IUNA. Además, los planes de estudio con poco más de 70 materias, que están coordinadas en cuatro años pero que en realidad lleva casi ocho concretar, “transforman la carrera casi en una maratón, en comparación con otras universidades públicas”, sostuvo Lucila. “Por ejemplo, algunas carreras de Artes Visuales tienen hasta 3600 horas cátedra y hay talleres que duran doce. Una locura. Parece un plan destinado para que todos fracasen”, apuntó la estudiante con una mueca de preocupación.

No obstante, la intranquilidad no es sólo suya, sino también de profesores como Patricio Larrambebere, adjunto de la cátedra Proyectual de Pintura, que cree que “no existe un plan de estudios sino una currícula de materias que a veces parece inventada para sostener una estructura de sueldos de gente que ni da clases”. En eso coinciden totalmente alumnos y docentes.

Si bien la situación comenzó a “normalizarse” respecto a la década anterior, la poca planificación de estudio y su consecuente escasa oferta horaria continúa siendo un problema sin solución. “Realizamos varias reuniones para intentar llegar a un acuerdo con el nuevo decano de Artes Visuales, Julio Flores, y así cambiar los planes de estudio, pero si bien cuando asumió se comprometió a hacerlo, esa promesa quedó en la nada”, comentó la experimentada docente Soibelman dejando al descubierto que “el ‘todo pasa’ parece ser una constante” en la facultad.

“Ese tipo de contrariedades son posibles gracias a la extensión de políticas universitarias destinadas a mantener el statu quo de la década pasada”, consideró Lucila en referencia al poco diálogo que consiguen desde el flamante Centro de Estudiantes –que apenas años atrás no existía– con las autoridades actuales. “Parece que no son tan importante nuestro derechos como estudiantes, tampoco el compromiso social. Es que son ilusorias las libertades que nos dan y hasta cercenan las libertades individuales”, apuntó su compañera Iara, que inmediatamente ejemplificó: “Nos destrozaron un mural realizado sobre cerámicos de la fábrica recuperada Zanón y hasta hicieron desaparecer nuestra cartelera de difusión de actividades y propuestas, como algunos materiales que guardábamos en un armario”. Acciones totalmente repudiables, que no fueron desmentidas desde ningún funcionario de la facultad. Incluso, esta agencia intentó consultar al decano Julio Flores o alguno de los secretarios del Concejo Superior del IUNA, pero ninguno prefirió hacer declaraciones al respecto.

Y entonces, ¿qué tipo de solución se puede encontrar? Que los alumnos continúen insistiendo y se hagan escuchar. Pero son los menos quienes se hacen cargo del problema de todos y, como pueden, se cargan los conflictos al hombro para producir un cambio en la enseñanza del IUNA. Un cambio que hasta ahora parecería difuso en el horizonte por el grado de complicidad que tienen propios y ajenos. Es por eso que surge la incertidumbre, la misma incertidumbre que tienen los estudiantes que pelean y saben que el título que posiblemente conseguirán, con mucho esfuerzo, sólo le sirve para ejercer en institutos privados, ya que tiene escaso o nulo alcance a nivel nacional, dado que no es legitimado por el Ministerio de Educación porque algunas materias y las teorías dadas no concuerdan con la propuesta ministerial para este tipo de carreras.

Entonces la controversia se coloca en el centro de la escena y queda de lado esa meta con la que se creó el IUNA: “Para darle representación nacional a estudios artísticos de carácter terciario”. Y los alumnos comprometidos siguen luchando: “Contra la corriente. Para que las artes visuales y nuestras carreras tengan la posición y el reconocimiento que se merecen. Por eso vamos a seguir peleando. Y no nos vamos a rendir”, prometieron. (Fuente: http://agencianan.blogspot.com)

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