HISTORIA DE UN BARRIO QUE ESCRIBE SU FUTURO

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Buenos Aires Sos.- Julio 2009.- (Por Marcos Fernández).- Su nombre coincide con el de su principal avenida y quienes más tiempo tienen en el barrio aseguran que en todas sus calles se anidan cuervos. Es Boedo, el del Grupo de Yunque, Arlt, Castelnuovo, Barletta. El de San Juan y Boedo, Homero Manzi, el café Margot y Cátulo Castillo.

 

Es un barrio joven pero sus calles desbordan historia. Reconocido por su arraigo tanguero, sus múltiples bares siempre concurridos, una amplia oferta cultural, y como dijo un «loco», -no muy querido al interior de los limites del territorio al que se hace referencia-, por ser uno de los dos barrios protagonistas del «clasico de barrio mas grande del mundo».

Su nombre coincide con el de su principal avenida y quienes más tiempo tienen en el barrio aseguran que en todas sus calles se anidan cuervos. Es Boedo, el del Grupo de Yunque, Arlt, Castelnuovo, Barletta. El de San Juan y Boedo, Homero Manzi, el café Margot y Cátulo Castillo.

Su nacimiento se registra el 11 de junio de 1968 luego de que la Ordenanza Nº 23.698 divide a Almagro, San Cristóbal y Parque de los Patricios, otorgando a Boedo los siguientes límites: Sánchez de Loria, Av. Caseros, Av. La Plata y Av. Independencia. Boedo es el único caso en que un barrio de la ciudad toma el nombre de la calle que lo caracteriza. La Avenida Boedo fue designada como tal en el año 1882, en homenaje al Dr. Mariano Boedo, brillante jurisconsulto salteño nacido el 25 de julio de 1782. Dedicó su vida a la causa de la independencia, desempeñando importantes funciones que culminan con su nombramiento como Vicepresidente del Congreso de Tucumán, jurando como tal, la Declaración de la Independencia. En 1817 se lo elige presidente, falleciendo en la ciudad de Buenos Aires en abril de 1819, a la edad de 37 años.

El territorio que hoy corresponde a Boedo fue en su origen ocupado por hornos de ladrillos, tambos, molinos panaderos, algunas pulperías y almacenes y, ya a inicios del siglo, cafetines con tango… mucho tango y presencia de malevos y poetas.

Si bien la modernidad de ciudades hiper concentradas, de poco sol por el desfile de edificios altos es una realidad que se hace cada vez más visible, Boedo continua siendo un barrio típico de casas bajas, estilo «chorizo», repetidas y monótonas.

En la actual división de la Ciudad de Buenos Aires en comunas, a Boedo le toco hacer pareja con Almagro y conformar así la comuna Nº5
Boedo es un barrio de clase media que, como la mayoría de los barrios porteños, fue muy sacudido por el neoliberalismo privatizante de los 90` y la consecuente explosión de diciembre del 2001. No obstante, es un territorio que ha tenido un gran desarrollo cultural en los últimos años, no solo a nivel de oferta de consumo cultural sino también como usina de producción. Han surgido numerosas escuelas de teatro, de danzas, centros culturales, bibliotecas populares, medios de comunicación barriales y distintas experiencias que lo colocan en el centro de la escena en materia cultural de la Ciudad de Buenos Aires. De todas maneras, escasean quienes bregan por una cultura popular en la que cada uno de los vecinos sin distinciones económicas puedan acceder tanto a apreciar las distintas manifestaciones artísticas, como así también les sea posible acceder a ser creadores de las mismas. Esa, es una deuda pendiente que no se la puede saldar solo en un barrio dado que confronta necesariamente con una concepción mercantil de la cultura que se reproduce con la misma base de ideas y con distintas metodologías tanto en Boedo como en un pueblo inhóspito de Salta.

Dejando un poco de lado su desarrollo cultural, otra particularidad que caracteriza -penosamente en este caso- a Boedo, es que es el único barrio porteño que no posee una plaza propia, condición insólita y más aun cuando se descubre que no es una situación que al revelarse haya sido subsanada inmediatamente por el Gobierno de la Ciudad sino que implicó que los vecinos tuvieran que dar una lucha mediante firmas, festivales, radios abiertas, marchas, comunicados, peñas, etc, para reclamar por un espacio verde tan necesario para cualquier territorio que habite este mundo que no deja de ser golpeado en su ambiente por un modo de producción que parece no pretender detenerse hasta no acabar con el último ser vivo en la tierra.

Parece de ficción, pero es real que la necesidad de tener cada vez más espacios verdes esté ineludiblemente ligada a la necesidad de subsistir. En ese marco, el actual Gobierno porteño, -que pretende adjudicarse el mérito de que hoy por hoy esté aprobado el proyecto de la plaza para Boedo-, votó –todavía sin ser Gobierno- por otorgarle el predio a una iglesia evangelista.  Desgraciadamente para Maurico Macri y su partido, la lucha de los vecinos y las organizaciones del barrio de Boedo pudo más, y así se logró la apropiación del terreno para la construcción de lo que será la Plaza Boedo.

Un barrio joven con calles que desbordan historia. Manzi, el Grupo de Boedo, San Lorenzo, el Margot, el tango, sus bibliotecas populares, centros culturales, las casas «chorizo», la ansiada plaza. Un barrio en un mundo. Boedo, un barrio que en el presente no olvida su historia mientras construye su futuro. (Publicado en www.despiertabsas.com.ar)

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