ENTRE GRAN HERMANO Y EL PERFECTO IDIOTA

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Buenos Aires Sos (BAS).- Mayo 2007.- (Por Hernán Brienza).-Una buena metáfora de Internet es la que utilizó Umberto Eco cuando la comparó con Funes, el memorioso, el personaje de Jorge Luis Borges que recordaba absolutamente todo: todos los árboles, todas las palabras, todos los rostros, pero que era incapaz de conceptualizar. Es decir, para él, había un árbol y otro y otro, pero no podía aferrar el concepto universal de árbol. Eco dice de Funes que «debido a su memoria total, era un perfecto idiota». Con la red de redes podría pasar lo mismo. Es una inmensa telaraña de información donde, a priori, todos ingresaríamos en un proceso similar de idiotización, como Funes. Como Eco no es un apocalíptico (y nunca termina de convertirse en un integrado), rescata el uso de Internet en tanto logre permitir el proceso de culturalización que se da a través de la conversación, la conservación y la filtración de la memoria. Internet, claro, no es como Funes. Se parece más a la Matrix que a un «perfecto idiota». Porque detrás del simple doble clic que permite abrir un navegador hay un sistema de redes amorfo, con intersticios, con un gran caudal de libertad, pero también con fructíferos negocios, con ganadores y perdedores y con un Gran Hermano capaz de vigilar hasta los más mínimos detalles de todo lo que se escribe en un simple email. Recientemente se presentó en el Centro Cultural de la Cooperación un documento elaborado por el Grupo Informática y Sociedad titulado El impacto sociopolítico de Internet que deja al descubierto algunas trampas de la red. En el encuentro, el titular del CCC, Juan Carlos Junio, planteó el problema con claridad: «El fenómeno de Internet siempre estuvo en disputa, siempre fue parte de la lucha por el poder. A lo largo de la historia, los sectores dominantes siempre se propusieron, y básicamente lo lograron desde su poder, el dominio de la cultura, de la ciencia, de la técnica; y los sectores populares, que buscan caminos superadores, ven desde un lugar de desigualdad manifiesta, desde una fuerte asimetría, que hay un problema de dominio, específicamente el poder económico, político y cultural, luchas y disputas en el plano de la cultura, de la ciencia y de la técnica, así como de los medios de comunicación, que son los elementos estructurales, troncales. Internet es parte de la lucha, porque el problema no son las nuevas tecnologías, sino quién las domina, y al servicio de qué intereses sociales, culturales y políticos están esos instrumentos». Ricardo Presta, uno de los autores del documento, definió a Internet «como un campo sociocultural. Básicamente, concluimos que Internet es una red que conecta muchos con muchos, que no tiene orden jerárquico, que permite publicar información, acceder a ella y compartirla, que no tiene fronteras geográficas y, lo más importante, la información se puede propagar a una gran velocidad. Es un espacio social, de uso libre, participativo, transversal, sin limitaciones, es decir, una red cooperativa». La brecha digital Pero claro que no todo es una panacea tecno-libertaria. El mismo Presta asegura que «lo que es necesario estudiar es la infraestructura de las autopistas de información. Es decir, dónde están, quién las opera, qué pasa con los nombres en la red, los dominios, qué significa la virtualidad, dónde está el gobierno de Internet y, sobre todo, cuál es la brecha digital que se está formando». Resulta interesante resaltar que las autopistas más importantes se encuentran en Estados Unidos y en Europa y que Latinoamérica, por ejemplo, tiene algunas redes con características particulares: las redes de cableado de fibra óptica submarina están en manos de dos empresas que no son de la región y que son las que manejan la trasmisión de Internet por vía terrestre y por fibra óptica de toda Latinoamérica y el Caribe. Presta sostiene que «hay que tener cuidado con qué se cuela en esa red en forma directa o indirecta, porque justamente estas autopistas de la información tienen una especie de peaje, lo que genera una red para ricos y una para pobres, porque esas empresas cobran por el tráfico de la información». Ese peaje es muy paradigmático, también, de cómo se maneja la economía de la región. Según los datos del estudio, en América latina el 78% promedio del tráfico de banda ancha se paga como tráfico internacional por problemas de infraestructura de redes de la región. Es decir, solo el 22% queda dentro de nuestro propio país. «Esto, indudablemente –explica Presta– genera problemas económicos importantes y una dependencia económica, tecnológica e informativa. Esto habla claramente de una muy baja interconexión regional, una fuerte dependencia de América del Norte y cuando hablamos de tráfico internacional, hablamos de tráfico que va hacia Estados Unidos y vuelve, muchas veces para llegar a servidores vecinos. Es decir, importamos banda ancha para ir y volver. Muchas veces, para mandar un email a Chile o Uruguay estamos haciendo que ese correo viaje a EE.UU. y vuelva. Es un negocio importante para algunos y un encarecimiento innecesario de transporte para otros». La investigadora Lucila Dughera agrega que al problema de la dependencia tecnológica se le suma el de la brecha digital. «Uno de cada seis habitantes –asegura– accede a Internet. Decimos, entonces, que la brecha digital significa que hay cinco personas que se están quedando afuera. Además, existe una diferencia socioeconómica entre aquellas comunidades que acceden a Internet y aquellas que no pueden hacerlo». Pero esto no es todo. Además, de las desigualdades internas, de las peleas empresarias por aparecer en los metabuscadores y poder incluso cambiar la imagen de una persona y una compañía mediante la manipulación tecnológica, hay que saber que la red tiene dueño. Y como no podía ser de otra manera, se trata del gobierno de la principal potencia mundial, los Estados Unidos. Nombres y números Un estudio reciente demostró que 500 empresas gastan 750 millones de euros para engañar a Google (es decir, para violar la seguridad del metabuscador y que sus nombres aparezcan en los primeros cinco resultados que aparecen en la pantalla), que maneja el 80% del mercado en la web (250 millones de visitas mensuales). Sobre la propiedad de Internet, no caben dudas, más aún después de la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI), que se realizó en Túnez, en 2005, de que el dueño indiscutido es el gobierno de Estados unidos, que retuvo el control y el dominio del sistema que ejerce sobre la red de redes a través de Icann, la Corporación para la Asignación de Nombres y Números, una empresa dependiente del Departamento de Comercio estadounidense y que desde 1998 se encarga de asignar los dominios de Internet a todo el mundo. El sostén de todo lo que ocurre en la red lo realiza diariamente el gobierno norteamericano a través del control de 13 computadoras distribuidas en diferentes países que dirigen el tráfico de cada página web y email que circulan en el mundo. Este sistema se llama Domain Name System (DNS) y su cerebro es el master root server, una megacomputadora ubicada en EE.UU. y manejada por el Departamento de Comercio. Para tener un ejemplo del poder que tiene esta agencia, basta decir que si un día Estados Unidos decide «desenchufar» a un país entero de la red, lo puede efectuar sin que nadie pueda hacer nada para impedírselo. Teniendo en cuenta este panorama, las conclusiones del documento del Grupo Informática y Sociedad recobran un significado aún mayor. Los autores sostienen que «hoy se vuelve un imperativo propiciar que la red conserve sus características de apertura, uso libre y democrático. Los movimientos sociales que promueven la cooperación y solidaridad deberían tener como bandera el mantenimiento de las características democráticas y la ampliación de las potencialidades contestatarias de la red de redes». Es decir, de ese esfuerzo dependerá que Internet siga siendo un territorio en disputa o simplemente se convierta en un Gran Hermano que idiotice a los usuarios y en la principal herramienta del capital global concentrado.(Nota publicada en la Revista Acción)

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