Encuentran antigüedades en el subsuelo de la confitería Del Molino

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Los arqueólogos que trabajan en la restauración de la histórica Confitería del Molino, ubicada en la esquina de Callao y Rivadavia, frente al Congreso de la Nación, encontraron en un subsuelo del edificio viejas tazas y cucharas con los logos del lugar. Los utensilios serán expuestos en lo que será el Museo del Molino, cuando se produzca la apertura definitiva.

El hallazgo se produjo en un pozo de ventilación en el primer subsuelo. Además de tazas de café se encontraron cucharitas de té, de café, y un apoya saquitos. “Estos objetos fueron limpiados, rotulados y guardados en nuestro taller para su posterior exposición, en lo que será el museo de sitio”, informaron desde la Comisión Parlamentaria que se ocupa de la restauración.

La larga historia del Molino comenzó en 1850. Constantino Rossi y Cayetano Brenna, pastelero italiano especializado en la fabricación de pan dulce, eran los propietarios de la Confitería del Centro. Estaba ubicada en Avenida Rivadavia y Rodríguez Peña. En la actual Plaza Lorea, a pocas cuadras, se había instalado el Molino Lorea, que era harinero. Esto motivo a Brenna para cambiara el nombre de su negocio por Antigua Confitería El Molino.

En 1905 la confitería se mudó a pocos metros, a un local frente al Congreso. Para 1910 se había finalizado la construcción de la Plaza del Congreso. Brenna pretendía unificar los locales que tenía. El encargado del trabajo fue el arquitecto Francisco Gianotti.​

El proyecto, para destinarlo a edificio de renta, incluía la remodelación del edificio situado en la Avenida Callao 32, que Brenna había adquirido en 1909. Poseía planta baja y cinco pisos, además de la construcción de otro en Rivadavia 1815. Con estas obras Brenna quería presentar una nueva imagen de la empresa pastelera y a la vez adecuarse a la estética de la zona.

Finalmente en 1917 el edificio se inauguró con el nombre de Nueva Confitería del Molino, en la esquina en que se encuentra actualmente.

Durante el golpe de estado contra el presidente radical Hipólito Yrigoyen, en  1930, el edificio fue incendiado, aunque luego se reconstruyó.

En 1938 falleció Brenna y el negocio pasó a ser de Renato Varesse hasta 1950 y luego de Luis Armentano, hasta 1978. Armentano le vendió el fondo de comercio y la marca a un grupo de personas que más tarde presentaría la quiebra.

Fue expropiado por el Congreso Nacional en 2014 y hay una Comisión Bicameral Administradora que se ocupa de la restauración, desde el 2018.

Buenos Aires Sos

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