El Federal, un bar clásico en el barrio de San Telmo

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El bar, con su pasado de pulpería, abrió sus puertas en 1864, cuando San Telmo era un laberinto de conventillos y casas de alquiler donde encontraban cobijo los negros y los inmigrantes pobres, especialmente los llegados de Italia.

Todo empeoró cuando en enero de 1871 estalló la segunda y más letal de las epidemias de fiebre amarilla que soportó Buenos Aires y que, además de causar unas 14.000 muertes, llevó a la emigración de las dos terceras parte de la población a los pueblos de campaña de San José De Flores, San Isidro, Morón, Lomas de Zamora y Belgrano.

En San Telmo, uno de los barrios más castigados por la peste, solo quedaron los vecinos más podres y menesterosos, sin capacidad de movilizarse y que, a la postre, fueron las principales víctimas de la epidemia traída por los soldados que habían participado de la Guerra del Paraguay.

Aunque no hay datos precisos, se sabe que por aquellos tiempos la pulpería se vio obligada a cerrar por falta de clientes y recién volvió a reabrir meses después, cuando concluyó la epidemia y San Telmo no era más que un montón de casas vacias y familias devastadas por la pobreza y la muerte.

El Federal fue hacia fines del siglo XIX un prostíbulo y luego un almacén con despacho de bebidas hasta que en los primeros años del siglo XX se convirtió definitivamente en el bar-café que perdura hasta nuestros días, explicó Leonardo Busquet, coordinador cultural del grupo empresario «Los Notables».

El grupo es propietario de otros cuatro bares históricos de la ciudad: el Margot, de Boedo; el Bar de Cao, de San Cristóbal; La Poesía, de San Telmo y el Celta Bar, ubicado en Sarmiento y Rodríguez Peña.

Los cinco cafés fueron reconocidos como bares «Notables» por el Ministerio de Cultura porteño y la Legislatura los declaró «de interés cultural», reconocimiento que otorga teniendo en cuenta la tradición y la calidad estética.

Lo que más llama la atención al entrar al Federal es su barra coronada por un arco de madera tallada con detalles de vitraux y un importante reloj en el centro, en el medio de un salón alargado que todavía conserva las baldosas originales, las viejas mesas, las estanterías de madera con su colección de botellas, además de la antigua caja registradora.

El Federal es uno de los edificios emblemáticos que sobrevivió a la agresión edilicia que soportó San Telmo durante la última dictadura militar, que bajo la gestión de Osvaldo Cacciatore destruyó un sinfín de antiguos inmuebles de alto valor histórico.

Según Busquet, «hay dos combinaciones que son explosivas para San Telmo: el creciente negocio inmobiliario y la dejadez por parte del Estado porteño, que permite hacer y deja pasar las cosas», dijo al reseñar el contexto que a lo largo de los años le dio marco al bar-café.

«Para mí, El Federal es un lugar mágico que me transporta en el tiempo. Me gusta sentarme en sus mesas e imaginar que estoy en el siglo XIX y que en cualquier momento va a pasar un carruaje por la calle», dijo a Télam Natalia, una empleada de la AFIP que aprovecha alguna que otra tarde para correrse hasta el bar junto a sus compañeras de oficina.

Por su parte Erik, un turista francés de 25 años, elogió en un dificultoso español la calidez de los porteños y dijo que el café-bar no le llamaba tanto la atención como «su cerveza y la amabilidad de su gente».

«Francia está llena de cafés, lo que no hay es gente tan amistosa como acá», señaló el joven, quien dijo conocer San Telmo y El Federal desde 2011, cuando hizo su primer viaje a la Argentina.

 

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