EL BICENTENARIO SE CONVIRTIÓ EN UNA MOVIDA CULTURAL HISTÓRICA

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Buenos Aires Sos.- 26 de mayo de 2010.- (Por Guillermo Denis).- Se hablará, discutirá, hay quienes estarán de acuerdo, otros no; la televisión habrá sido el medio por excelencia para seguirlo en todo el país, o directamente las ganas (movimiento de voluntad individual y colectivo) llevaron a que  millones de personas «tomaran» el centro de Buenos Aires e hicieran suyo una cuidada e inteligente puesta en escena del Bicentenario de la Revolución de Mayo.

La marca histórica ya quedó. Después dependerá de quién la cuente para ver -en retrospectiva-el significado de un movimiento cultural de masas, no vivido nunca en Argentina.

Ya, Antonio Gramsci, desde su prisión en la Italia fascista, decía sobre la importancia que adquiría la cultura, en su más ancho significado » hay momentos en que quienes producen acciones culturales de masa atraviesan todas las capas sociales, es cuando una idea ingresa en el momento justo en la historia de una sociedad y se unen, desde la filosofía, idea y práctica. Es allí donde se produce un hecho transformador. Allí la Cultura es pura, es transformación».

El centro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue una Caja de Pandora o una gigante Lámpara de Aladino, donde cada quien frotaba aquello que descubría o lo sorprendía.

Y así fue. Todo pudo convivir: lluvia, calor, sol, frío, autos de carreras, Pablo Milanés, Fuerza Bruta, empanadas autóctonas, Fito Paéz, tango, futbol, rock, música clásica, desfiles de comunidades de inmigrantes o de pueblos originarios, el choripan y el salmón al grille de algunas cenas, murgas, vestimentas de 1810, 1910, 1970 o 2010;  rollingas y tangueros, clase media urbana y familias del Gran Buenos Aires que despegaban del televisor para ver qué era “eso”.

Y allí andaban los “peces buscadores”  tratando de ser protagonistas, de que se los mire y vea. Y allí pasaron: lituanos, chinos, tanos, gallegos, criollos, japoneses, bolivianos, peruanos, rusos, chilenos, cubanos, paraguayos y uruguayos , entre tantos otros, mostrando con orgullo su “ser”. Que no es otra cosa que existir.

El zapping era la puesta: allí lo inteligente de la idea central. Y logró una novedosa combinación entre ficción y realidad. Al tiempo que desdibujó algunos límites de lo mediático (esa patria tan difusa) con lo palpable, aquellos que sucedía en los escenarios, en las calles centrales y aledañas, en el viento mezclando música y sabores.

Millones de seres humanos en la ciudad. Millones de hombres y mujeres mirando el espectáculo del Bicentenario por TV, Internet, Blog, celulares, bares o escuchándolo por radio. Los medios fueron medios. Y la calle fue la calle.

Las generaciones de la cultura mediática se volcaron por millones al río de gente que andaba buscando cauce en cada espacio cultural-artístico que se les ofrecía.
No fue casualidad que la Televisión Pública superara, por primera vez en muchas décadas, a todos los medios privados el 24 y 25 de mayo, según todas las encuestadoras de audiencia.

¿Qué atrapó a tres, cuatro o cinco millones de personas para moverse de sus casas e ir por su parte?

¿Qué hizo que se demolieran los raiting de los multimedia en 48 horas?

“La participación y comprensión, en el intercambio comunicativo, implica reconocer a los sujetos de la comunicación no como objetos cerrados en la dupla emisor-receptor, sino como sujetos capaces de lenguaje y de acción”, señalan los apuntes de varios autores en “Cultura mediática de la Sociedad Moderna ”

Quien planificó, desarrolló y accionó cada movida del Bicentenario acertó en entender en qué momento social se estaba, en conocer la diversidad y pluralidad de gustos de la gente y en poner la tecnología al servicio de la belleza artística. En eso el gobierno acertó: ganó.

El fenómeno vivido puede servir de disparado  para analizar, ya cuando las aguas bajen, y la realidad (y los que la distorsionan) vuelvan a ocupar su lugar, y el de las mentes de millones de personas. Eso será otro cantar.

Hoy, en caliente, éste fenómeno cultural-social-político que se produjo anda por las verdulerías, las oficinas, las escuelas, es charla en las casas, entre tribus urbanas (nuevas y viejas). Hoy es un cúmulo de imágenes, sensaciones, caminatas interminables o maratónicas horas frente a la televisión de una buena parte de la población.

La “Industria del espectáculo” hizo lo suyo.

La actitud de decir presente de millones de argentinos dio vuelta más a más de un pesimista.

“La gente”, también hizo lo suyo.

El tiempo dirá si sólo será la atracción del soplo de lo efímero o un fenómeno donde el afuera vuelva a ser el campo de una disputa cultural y social , en donde la historia indica que nunca tiene fin.

¿Fin?

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