DE LA ESTRELLA DE MIGUEL ABUELO AL TIEMPO DE “LOS GARDELITOS”.

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Buenos Aires Sos (BAS).- Marzo 2008.- (Por Héctor Sosa).- No es una búsqueda para que se ordene una idea dentro de una caja que le dé un sentido. Más bien es la intención de volcar ciertas coincidencias entre artistas de tiempos distintos, que, en su diversidad, dejan caer cierto hilo conductor en lo que hace a las letras dedicadas a la ciudad, la mujer, la soledad, el tedio o un abandono. Tango y Rock, Rock y Tango. ¿Simetrías que en una esquina otoñal de Buenos Aires se encuentran?

 

Me apasiona la muerte. Es tan perfecta ella. Fijate: nos lleva a todos al mismo silencio», pocos días antes que la parca le arrebatara la posibilidad de seguir componiendo, de ser un tipo «del mundo pero con la mente en Buenos Aires» eso decía un emblema del rock nacional, Miguel Abuelo. Antes, en el Luna Park a pleno cantaba:

«El tiempo atrasa dentro de la ciudad
una canción te escribe el cielo
si vuelvo a casa no podré ver el mar,
bajo la luna borracho espero»
Nacido el 21 de marzo de 1946, de su amor por las letras surgió el nombre que lo inmortalizó. Leyendo El banquete de Severo Arcángel quedó impresionado con una frase con la que reprenden al personaje Lisandro Farías, de la novela deLeopoldo Marechal: «Padre de los Piojos, Abuelo de la Nada». Así se convirtió en Miguel Abuelo y formó el ya legendario grupo.
En realidad se llamaba Miguel Peralta, aunque claro, no siempre el documento de identidad revela verdades absolutas. Para todo el mundo fue, a secas, Miguel Abuelo, pionero del rock del país y fundador de Los Abuelos de la Nada, una de las mejores bandas que han pasado por los escenarios locales. Y si con eso no bastara, aún fue más. «Soy un negrito resentido y peleador«, se autodefinía en su adolescencia, mientras maduraba su pasión por la música y alternaba el boxeo con la venta ambulante en las calles de la ciudad.
Y Miguel vuelve sobre un tanguito rockero: Himno a mi Corazón. Y dice
«Sobre la palma de mi lengua
vive el himno de mi corazón
siento la alianza mas perfecta
que injusticia a media vos
la vida es un libro útil
para aquel que puede comprender
tengo confianza en la balanza
que inclina mi parecer»
Más aquí, más cercanos en los tiempos se inician «Los Gardelitos».
Nacidos en 1995, entre cuatro paredes de un mono block en el Bajo Flores, de la mano de Korneta Suárez. Mentor del grupo, fue descubriendo en sus hijos el mismo talento musical que él llevaba adentro, y así formó lo que hoy por hoy es la banda under por excelencia. Eli, su hijo mayor lo apoyó desde el primer momento y terminaron de conformar el grupo su otro hijo, Bruno, su esposa, y Jorge, integrante de Intoxicados y amigo de la familia.
 Sus primeras presentaciones fueron en Parque Centenario, donde tocaron en forma gratuita durante más de 50 domingos, soportando críticas de artesanos. No tener cortes de difusión en radios, ni video clips, ni afiches, marca una tendencia que deja al descubierto la esencia de sus seguidores y de ellos mismos, que los convierte en «Rocanroleros de Raza», o viejos tangueros de arrabales nuevos.
Y Los Gradelitos, siempre dispuestos a recitales solidarios, cantan  (hagamos la prueba de hacerlo con melodías y ritmos de tango):
«Son las tres de la mañana, caminando por Corrientes
Muchos ojos han brillado, sin embargo sos el mismo
Otra vez el sol murió al partir.

En la intensidad del tráfico, el temor heló tus huesos
Has buscado en tantas calles, volverás a ser el mismo
Alguien preguntó si iba a nacer el sol»

 
Cuando la banda crecía a pasos agigantados, el destino se encargó de empañar esa alegría. El 12 de mayo de 2004, Korneta Suárez, emprendió un camino sin retorno. Tres días más tarde llegó la noticia: el cuerpo de Eduardo Korneta Suárez había sido encontrado sin vida.
 
Pero siguieron, e incluso dieron un recital el mismo día y continuaron cantando «a lo Gardelito»:

«Cuando la ciudad descalza deja de mirar el día,
cuando todo está dormido y la calle ya no brilla
esos hombres van a ver a dios.
Toda esta selva virgen puede seducir tus sueños
debés dar tu cuerpo tibio a los edificios fríos.
Quiero que al finall estés aquí, hablándome»

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