San Telmo: hoy se inaugura el mural de Gorriarena

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(Por Julio César Crivelli) Dos hombres caminan de espaldas desde un estacionamiento hacia algún destino.

El mural, obra de Gorriarena, tiene tantas dimensiones que es muy difícil describirlas. Intentaremos algunas pocas y usaremos el mural como referencia a su extensa producción.

En primer término está el relato de la obra. Porque la obra de Gorriarena, siempre contiene una narración que lo aproxima a su tiempo, que nos cuenta cómo vivió su época, qué lo conmovió y hasta donde.

El arte siempre tiene una dimensión histórica y local, un cuento que está antes que nada.

Los hombres del mural son hombres importantes, porque hablan de cuestiones de ellos, pero sobre todo porque hablan de cuestiones que deciden la suerte de los demás.

La obra es la representación del poder, siempre presente en Gorriarena.

¿Cuál poder? Cualquiera. El poder político, el poder militar de una época triste de nuestro país, el poder económico de los empresarios y el de los sindicalistas. Pero también el poder de la belleza de las mujeres, el de la sexualidad, el de la moda, el de la publicidad, tantos, todos.

La descripción del poder es un desafío imposible de cumplir con conceptos, porque los conceptos son derivas del intelecto, son meros espejos, como diría Borges y sólo representan un modelo falso, borroso, como los de Woody Allen en Los secretos de Harry.

Por eso la única forma de representar el poder es con la metáfora, con el mensaje que está atrás del mensaje, labrado con poemas o con imágenes.

Gorriarena, recorre la sociedad, descubre el poder que anida en cada actividad, y lo convierte en un mensaje que llega muy hondo. Porque transmite su visión crítica, su sentido de que el poder es sometimiento, una manera de esclavización.

Lo hace con una combinación extraña de humor y de crueldad que flota en sus poderosos de cualquier clase. Las formas siempre están afectadas por deformaciones leves, sinuosidades inexistentes en la realidad, que afean suavemente a los protagonistas.

El paisaje transmite paz y belleza. Pero los hombres, que caminan de espaldas, no.

Porque el poder no es bello, siempre tiene una dimensión absurda, tragicómica como la del neorrealismo italiano.

También flota la indiferencia de estos hombres que deciden el destino de otros. Y esto es imposible de explicar buscando causas y efectos. Basta mirar la obra.

Pero hay un segundo significante, evidente pero oculto. El segundo significante es el color.

Gorrianera se atreve al color, y esto marca una profunda diferencia, una huella en la pintura argentina, en la cual el color siempre está disminuido, como si la pampa grisácea y difusa, estuviera siempre presente, sometiendo al color (¿Igual que un Poder?)

El color de Gorriarena no es natural, es profundamente artificial. Gorriarena pinta desde su conciencia, como Gauguín.

«El arte es una abstracción. Deriva el arte a partir de la naturaleza, mientras sueñas y piensa más acerca del acto de creación que del resultado», dice Gauguín y este parámetro vive en la pintura de Gorriarena.

Sus colores diseñan un mundo de ensueño, un mundo sin espacio ni tiempo, que solamente existe cuando nuestra conciencia está en reposo y determina que la obra sea profundamente simbólica.

Las figuras ostentan un penetrante colorido, que nos transfiere los contenidos de los sujetos, tal como Gorriarena los «ve» en su conciencia, como sucedía en los fauvesn y en los expresionistas.

Para Gorriarena el color se convierte en vibraciones que se traducen en estados de ánimo, en llamados desesperados, sintetizando con sus formas levemente deformadas y con sus colores estridentes, un contenido primitivo de la conducta humana.

El color entonces, termina siendo un elemento importantísimo en la teatralidad de su obra, enfocándose en su propia potencia expresiva y su uso como elemento trágico.

«Se pinta lo que no se ve», nos dice Deleuze. Y así es, como el color potente e irreal soñado por Gorriarena, nos conduce a la tragedia del poder, a un destino escrito e inevitable de necesidad y crueldad.

El mensaje de Gorriarena con su color estridente, su mensaje trágico nos dice que más allá de nuestros deseos, y más allá de que cualquier poder es sometimiento, jamás habrá una sociedad sin poder.

Le pregunté a Andrés Duprat porqué había elegido a Gorriarena como el héroe de la «Obra Maestra»

Me dijo: porque era un Pintor, porque pintó cuando no había sistema, cuando el mercado era algo lateral, cuando curadores y coleccionistas tenían menos influencia, porque siempre fue un rebelde que antepuso a todo su libertad.

En este mural está todo: su referencia valiente frente a cualquier poder y las figuras, que parecen flotar en el color indómito tomado de su conciencia.

Es el mejor homenaje a un Pintor

(*) Presidente de la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes

 

La inauguración del mural de Gorriarena se realiza esta domingo 5 de mayo, a las 16, en Chacabuco al 800, barrio de San Telmo

 

 

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