Parque Patricios: vecinos resisten el cierre de la Biblioteca «Enrique Banchs»

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24 de agosto de 2016.- (Por Santiago Rodríguez).- A contramano de lo que se espera y propone desde los organismos, instituciones, comisiones, pensadores, etc. que marcan la tendencia en el ámbito de la bibliotecología, el gobierno de Larreta desestima el rol fundamental que las bibliotecas públicas ocupan dentro de la sociedad actual y el potencial que sus funciones pueden llegar a alcanzar a corto y largo plazo (claro, si se desarrollaran las políticas adecuadas).

La Biblioteca Pública Infantil «Enrique Banchs» es una de las 30 instituciones que conforman la Red de Bibliotecas Públicas de la Ciudad de Buenos Aires y se encuentra en el corazón del Parque de los Patricios. Es un punto de encuentro para niños y niñas, un símbolo para el barrio y, de más está decirlo, un elemento fundamental de conservación del patrimonio cultural.

Como se conoció hace días, por un comunicado emitido por los vecinos y oportunamente publicado por este y otros (pocos) medios, el gobierno del PRO pretende ceder una porción de su terreno para la construcción de un bar. Esto forma parte de la política privatizadora de los espacios públicos que el PRO viene intentando implementar, en este y otros parques, a pesar de la resistencia de los vecinos.

En el Boletín Oficial del día 27 de mayo, a través de la Resolución Nº 19/SSUEP/16 del Ministerio de Ambiente y Espacio Público, se aprobaban los pliegos y se llamaba a Licitación Pública para la obra con la que se pretende agregar «a la actual estructura de la Biblioteca Enrique Banchs un área nueva donde alojar servicios sanitarios y gastronómicos».

En la sociedad actual, las múltiples transformaciones paradigmáticas que la globalización ha impreso en la arquitectura de las comunicaciones y de la forma en que adquirimos la información desplazaron a la biblioteca del trono de fuente primoridal que supo tener hasta su época dorada en el siglo pasado. Por ello es propicio el tiempo para que las bibliotecas reformulen sus fundamentos, encaren la responsabilidad social de erigirse como un lugar de encuentro que involucre al conjunto de la comunidad en la que se halla la institución por el cual se estimule la reflexión y se den lugar a nuevos procesos e instancias de intercambio, produciión de saberes y experiencias signifcantes. Lo que diversos autores llaman «bibliotecas ágoras».

Esta biblioteca del siglo XXI, este centro cívico, social y cultural es el horizonte al que aspira a llegar y es lo que se está hablando y por lo que se está trabajando en los países en donde los sistemas bibliotecarios están realmente desarrollados. Podría aquí citar desde los grandes organismos políticamente correctos como la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas hasta quienes escriben en Blogs y Revistas desde una visión alternativa e independiente.

Pero, prefiero remarcar, para ejemplificar lo anterior y alejarme de la impronta institucionalizada, la resistencia que viene llevando a cabo los vecinos para defender este espacio mediante campañas en las redes sociales, actividades para concientizar que realizan en el mismo espacio que el gobierno pretende privatizar, o las más de 800 firmas alcanzadas en la petición de Protección de la Biblioteca Infantil y Juvenil del sitio change.org.

Esto demuestra el impacto positivo que las bibliotecas tienen en el entramado de relaciones multilaterales que tejen la trama social de la comunidad como constructor de ciudadanos empáticos, activos, participativos y capaces de reconocer los lugares públicos como propios y fundamentales. Algo muy parecido ocurrió cuando el tarifazo de los serivicios amenazó la estabilidad de las sociedades de fomento y clubes de barrio. Allí, también, los vecinos se manifestaron.

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