Julio Cortázar: los seis mil días porteños

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Cortázar pasó alrededor de 6.000 días en Buenos Aires. Diego Tomasi, autor de Cortázar por Buenos Aires. Buenos Aires por Cortázar (Seix Barral), hizo la cuenta. El libro es ideal para cortazarianos: sigue meticulosamente y con mucha documentación la vida del escritor y, particularmente, su estrecha relación con Buenos Aires.

Durante un tiempo vivió con su madre, María Herminia, y su hermana Memé en el Barrio Rawson, en la calle Gervasio Artigas 3246, segundo piso, departamento 7. El departamento no se puede visitar porque está habitado, pero hay una placa conmemorativa.

El Barrio Rawson -entre las calles Tinogasta, Zamudio y Av. San Martín- nació como barrio residencial de casas baratas construidas con un plan del Banco Hipotecario en la década del 30. Vale acercarse hasta allí y caminar por esa zona arbolada y preciosa, con curvas y casas bajas, cerca de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires.

 

Ahí nomás, en avenida San Martín y Mineo, el Puente Cortázar.

En su cuento “Ómnibus”, del libro Bestiario, describe el ambiente del barrio:

“A las dos, cuando la ola de los empleados termina de romper en los umbrales de tanta casa, Villa del Parque se pone desierta y luminosa. Por Tinogasta y Zamudio bajó Clara taconeando distintamente, saboreando un sol de noviembre roto por islas de sombra que le tiraban a su paso los árboles de Agronomía. En la esquina de Avenida San Martín y Nogoyá, mientras esperaba el ómnibus 168, oyó una batallla de gorriones sobre su cabeza, y la torre florentina de San Juan María Vianney le pareció más roja contra el cielo sin nubes, alto hasta dar vértigo. Pasó don Luis, el relojero, y la saludó apreciativo, como si alabara su figura prolija, los zapatos que la hacían más esbelta, su cuellito blanco sobre la blusa crema. Por la calle vacía vino remolonamente el 168, soltando su seco bufido insatisfecho al abrirse la puerta para Clara, sola pasajera en la esquina callada de la tarde”.

Volvía a Buenos Aires con frecuencia. A ver a sus amigos y a su gran amiga, la ciudad. “Las ciudades son como las mujeres, esas ciudades de las que te enamoras y son el amor de tu vida, y no soy excesivamente monógamo porque pienso que se pueden tener muchas ciudades que se aman al mismo tiempo”. Eso le dijo al periodista Joaquín Soler Serrano en una entrevista para la televisión española en 1976.

París y Buenos Aires fueron sus amores más grandes. Allá tenía el misterio de las galerías cubiertas, los pasajes, los teatros, la arquitectura monumental, el metro, el Sena. Acá, el puerto, el bajo, Barracas, los cafés, sus largas caminatas por Avenida de Mayo, Plaza San Martín y Plaza de Mayo. Dos ciudades presentes a lo largo de su obra, y tanto en una como en otra hay homenajes durante este año. (Por Carolina Reymúndez)

 

 

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