EL HOMBRE COMÚN

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«Mirá, Juan, yo no sé si esta historia la soñé, me la contaron o la leí, pero ¿qué querés que te diga, Juan?. A mí me sigue pareciendo cierta, como que hasta sentí deseos de escribirle una carta a Fabio Zerpa o a Lily Sullos… El martes pasado. Diez de la mañana. Subo a un tren en Banfield, como todos los días. Y, enfrente mío, estaba el personaje. Un anciano de barba larga y más que blanca, ojos azules y una sonrisa que te invitaba a retribuirla…¿Cómo podría explicarte, Juan?. Transmitía un aire casi sobrenatural, pero, al mismo tiempo, pleno de cálida humanidad. Pretendí leer el diario, pero la cara, la mirada del viejo, me atraían…Al cabo, Plaza Constitución…Andén seis, el Viejo me mira, lo miro, mucho gusto, lo mismo digo y, como epílogo del encuentro, un café en un boliche de la estación…Perdóneme, señor -le dije-, pero usted me pareció un personaje de otro planeta, por eso lo miraba…Pero, escuchalo al Viejo, Juan, textual, como si lo estuvieses viendo… ¡Sabe que usted acertó -me contestó el Viejo. Estoy aquí de paso, pero como a las seis de la tarde me voy otra vez para mi comarca, para mi mundo, si usted prefiere…Estoy aquí, con esta envoltura de carne y hueso para comprobar, personalmente, algunas cosas…¿Quiere saber quién soy?. Una especie de vista de aduanas del País de los Sueños, donde van todos los sueños que acarician las gentes de todo el mundo, aunque mi jurisdicción, por razones de mejor control, es la Argentina…Como le digo -siguió el Viejo, Juan- yo soy quien admite o no el ingreso del sueño que solicita ser considerado para su posterior otorgamiento…Usted se estará preguntando cuáles son los valores que utilizo para conceder o negar la entrada. Dentro de mi mayor responsabilidad, está la de establecer la diferencia que va de un sueño a una ambición. Claro que para la mayoría de la gente, incluidos algunos dramaturgos como Gerardo Sofovich, alguna pensadora como Mirtha Legrand no hay diferencia, pero vaya sí las hay… Un sueño es un deseo que participa del candor, de la pureza de lo espiritual…La mujer, justamente soñada; un hijo; para un poeta, el mejor poema; para un músico, la gran partitura; para el obrero, la justicia social…En cambio, la ambición va asociada a un sentimiento más mezquino, como, por ejemplo, el poder, la riqueza, la sensualidad del mando, la seguridad que otorga el dinero…Ese alguien que, bajo el disfraz de un candoroso sueño, pretende ser presidente de un país sin ser elegido, o quizá, dictador; otro que, con el mismo disfraz, tiene como objetivo ser el dueño de un banco o de supermercados, o presidente de un club de fútbol, de los llamados grandes, o ser técnico permanente de la selección o ministro de economía, por ejemplo…Ni se imagina usted cómo se aprende a conocer al ser humano desde mi función aduanera -agregó el Viejo mientras se sonreía… Y, como te imaginarás, Juan, ya no me pude contener… -Y, señor, digame, por favor ¿qué tal van las solicitudes que le llegan de mi país? ¿Quiénes ganan los sueños o las ambiciones?- Y me quedé esperando la respuesta trémulo, perplejo. -A mí me importa la Argentina, ¿comprende? -El Viejo siguió sonriendo, mientras movía la cabeza y dilataba la respuesta… -Hummm…Lamento mucho contarle que, desde hace unos años, su país ha ido perdiendo la capacidad de soñar. Es hasta desalentador comprobar su desapego de la fantasía, como si admitiera su impotencia para imaginarla…De tanto en tanto, algún chiquilín que sueña ser Maradona pero, en esos casos, siempre solicitamos algunos testimonios que demuestren que el chico sólo sueña con jugar como Maradona, y no con proveerse de un apoderado y, mucho menos, de instalar una de esas empresas llamadas Producciones… -Pero, señor…¿usted no advierte un regreso a los sueños, a la justicia, al amor, a la solidaridad, a la misma democracia?. -Hummm…-volvió a exclamar el Viejo-.Por ahora no dispongo de índices favorables. Muchas apetencias espurias, dinero, riqueza apresurada, estafas, negociados…Fíjese en los años cuarenta, la calle de los argentinos, de los porteños, era Corrientes, la que nunca dormía…Ahora se acuesta a las 9 de la noche…Ahora todos se encuentran en San Martín, Cangallo, Sarmiento, 25 de Mayo…¿Se acuerda usted la noche de Buenos Aires? Tangos, bohemia, teatro, cine, cantantes, un bife charlado con los amigos…¿Y ahora?…Fíjese el caso de Mariano Mores…Todo lo que compuso en el cuarenta…Grisel,Uno,Cuartito Azul…¿Y ahora qué?…Enmudeció su inspiración, como enmudecieron algunos poetas…¿Sabe qué llega aquí? Cosas de Palito…Pero van de vuelta, porque no las consideramos sueños…Son agresivamente comerciales… -¿Y el fútbol que le parece? -Ambiciones, también ambiciones…Intrigas, bicicletas, dólares, posiciones, polìtica, declaraciones sensacionalistas…¿El arte? Puras ambiciones y nada de talento real…Vendedores de avisos, vedettes de cuarta categoría, nadie sueña con el teatro, salvo algunos que todavía , de tanto en tanto, nos mandan un sueño, como Pepe Soriano, Alfredo Alcón, Jaime Torres, Roberto Cossa, la Negra Sosa… -Pero, señor…¿Cómo?. ¿Ni una posibilidad?. ¿Nada?. ¿No volverán la ternura, el asombro, los poetas, los músicos, el laburo seguro, la mesa de los amigos, una guita que no se llamé más verde,… No lo ví más,Juan. Estaba yo solo en la mesa del bar…Y te juro que ví dos tazas de café, dos,Juan…Salí,corrí,busqué…Regresé porque tenía que pagar…¿Sabés que me dijo el mozo? -¿Los cafés? No, no se debe nada…Los pagó ese señor de barba que estaba hablando con usted…»(Osvaldo Ardizzone,1982)

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