Desigualdades económicas entre porteños de zona sur y norte

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El 10 por ciento de la población más rica de la Capital Federal se queda con el 52,6 por ciento del ingreso mensual generado, mientras que en el otro extremo, el 10 por ciento más pobre participa con tan sólo el 0,3 por ciento de la renta. Esa brecha, de 175,3 veces entre lo que gana uno y otro segmento de los porteños, es un récord histórico de desigualdad del ingreso y surge de los resultados de la última Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, según un análisis de la consultora Equis, informa el diario La Nación.

La diferencia entre lo percibido por las poblaciones ubicadas en los extremos creció un 95,4 por ciento en sólo doce meses; un 141,7% respecto de una década atrás, y un 879,3 por ciento en comparación con 1974, el año de la primera medición.

El 11% de la población de la ciudad de Buenos Aires se encuentra bajo la línea de pobreza -con ingresos inferiores a $ 120 per cápita. En rigor, es la localidad con menor proporción de habitantes en tales condiciones: según los últimos datos -que ya estarían desactualizados por la inflación de enero-, el índice de pobreza en los centros urbanos de todo el país llega al 44,2 por ciento. En cambio, la Capital es el lugar en el que la desproporción entre las franjas de ingresos gana mayor terreno en toda la Argentina.

Según los datos provisionales del censo 2001, son 2.729.469 las personas que viven en la Capital, lo cual permite estimar que son más de 300.200 quienes no logran satisfacer sus requerimientos de comida y servicios básicos.

Según apuntó el economista Artemio López, titular de Equis, el efecto no responde tanto a movimientos migratorios como al alza de la desocupación y del trabajo en negro, que llega al 28 por ciento y refleja un alto índice de precarización. «Y además, hubo una alta rentabilidad del área financiera», lo que terminaría por explicar la magnitud de la ampliación de la brecha entre los habitantes de la ciudad que concentran el movimiento de ese sector económico en el país.

Por su parte, la caída de salarios nominales que decidieron aplicar varias empresas operó como una de las causas del deterioro, aunque en este caso la reducción de ingresos puede haber dejado sus efectos en diferentes franjas de la población. En tal sentido, cabe esperar mayores niveles de pobreza con la caída del poder adquisitivo que generará la inflación, que, según las estimaciones del Gobierno, rondaría el 15 por ciento este año.

López apuntó también contra «la mala utilización» de los recursos destinados a programas sociales. Según el estudio de Equis, el presupuesto social de la ciudad creció un 22 por ciento en 2001 en relación con el período anterior, para llegar a los 143,8 millones. Sin embargo, la consultora destaca que sólo se previeron transferencias a la población por el 17,5 por ciento de ese monto, mientras que el 42,8 por ciento fue a parar a sueldos de personal y el 37,7 por ciento a gastos administrativos.

El informe de la consultora señala que «la recesión no contuvo y ni siquiera moderó el sostenido crecimiento de la concentración del ingreso», que, por el contrario, en los últimos dos años se profundizó. Y agrega que los sectores más bajos fueron impactados fuertemente por «el desempleo, el subempleo, la sostenida caída salarial por caída en la demanda y la ausencia de planes de ayuda social que transfieran de manera directa ingresos».

Según los resultados de la EPH de octubre de 2001, el segmento más pobre de los porteños participa con tan sólo el 0,3 por ciento, con una percepción per cápita mensual de entre 20 pesos y 139 pesos y una media de 89 pesos. El decil de los más beneficiados recibe el 52,6 por ciento de las rentas, que van entre los 1300 pesos y los 10.000 pesos mensuales y que, en promedio, es de 2401 pesos.

Hasta ahora, el récord de la desigualdad de ingresos entre un extremo y otro de la población se había registrado en 1998, con una diferencia de 107,4 veces lo percibido por los más ricos respecto de lo que recibe el grupo de quienes menos tienen.

En 1974, esa brecha era de 17,9 veces, y a partir de allí el índice tuvo altibajos, con un pico en el año de la hiperinflación, 1989, (70,8 veces) y una caída posterior a esa marca, para ubicarse en 1992 en los 28,5 puntos.

Otra forma de medir la distribución del ingreso de un lugar es por el coeficiente de Gini, que indica mayor regresividad cuanto más se acerca al 1 y mayor equidad a medida que roza el 0. En octubre, se ubicó en 0,65, el más elevado de toda la serie histórica.

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