Colón Fábrica: recorrido por escenografías, utilería y vestuario

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(Por Mercedes Ezquiada)  A metros del Caminito, de Fundación Proa, de Andreani -el edificio diseñado por Clorindo Testa-, del Museo Quinquela, y de los adoquines pintados de colores amarillo, azul, verde y rojo, se ubica esta suerte de hangar que alberga magia y trabajo artesano.

En un inmenso galpón de 7.500 metros cuadrados, en el barrio de La Boca, abrió sus puertas Colón Fábrica, una mega exposición con imponentes escenografías, utilería y vestuarios utilizados en las grandes producciones del Teatro Colón, de «Turandot» a «La Bohème», y de «El lago de los cisnes» a «Rigoletto», que se puede visitar los fines de semana en el Distrito de las Artes del sur de la ciudad, en la Vuelta de Rocha.

A metros del Caminito, de Fundación Proa, de Andreani -el edificio diseñado por Clorindo Testa-, del Museo Quinquela, y de los adoquines pintados de colores amarillo, azul, verde y rojo, se ubica esta suerte de hangar que alberga magia y trabajo artesano, y que resulta imponente e impactante apenas cruzar las puertas de vidrio, sobre la avenida Pedro de Mendoza.

«Primero hay que definir este lugar ¿es un galpón? ¿un museo? ¿un teatro? No, esto es en realidad un lugar de guardado, de escenografía, de utilería, de las producciones que hace el Teatro Colón, pero aquí las obras están montadas para que las vea el público y es como si uno, imaginariamente, subiera al escenario y te podes acercar, tocar, comprobar de qué están hechas las cosas», dice a Télam la directora del Colón María Victoria Alcaraz durante una recorrida por el lugar.

El Teatro Colón es uno de los pocos teatros-fábrica del mundo y este templo es un fascinante trayecto por las escenografías, vestuarios y utilería confeccionados en los talleres del área escenotécnica -como una gran oda a sus trabajadores- que permite descubrir al alcance de la mano la magnitud de las piezas que hacen posible la excelencia en el escenario.

«Los trabajadores escenotécnicos del Teatro Colón fabrican cada una de estas piezas, y las montan y desmontan en el escenario. Es un equipazo muy reconocido en el mundo, muy profesional, siempre elogiado, con escultores, pintores, artesanos, herreros, carpinteros, que hacen estas maravillas», añade Alcaraz y explica que la exposición es dinámica, ya que las piezas exhibidas irán rotando a medida que las funciones del teatro las precisen para la puesta en escena. O si un teatro de otro país las alquila durante una temporada; en ese caso estas imponentes construcciones deberán viajar en barco ya que no caben en un avión.

El ingreso recibe al visitante con el sector (o «la isla») dedicado a «Turandot», la emblemática ópera de Giacomo Puccini, ambientada en la China antigua, y el vestido que luce la hija del emperador, Turandot, un imponente traje negro y plateado, con una cola bordada de casi diez metros de largo, y la respectiva corona con apliques.

Las estructuras de esta ópera son colosales, una superproducción que incluyó la realización de 200 trajes, 300 pelucas, 400 tocados, 200 postizos y 160 pares de zapatos. Los objetos de esta producción están inspirados en la ciudad prohibida de Beijing: el trono del emperador, en madera, con calados y ornamentación tallada por escultura posteriormente protegida con cartapesta, dorado a la hoja y patinado. Las esculturas gigantes de los guerreros de terracota, que tienen una altura de 4,50 metros, los 19 banderines imperiales que forman parte de la escenografía tienen entre 7 y 10 metros de largo. Sin dudas, el gong es el emblema de la puesta, tiene un diámetro de 4,60 metros. Y los trajes de los tres personajes emblemáticos: Ping, Pang y Pong.

Si bien la ópera es uno de los espectáculos más antiguos del mundo occidental, esta pieza, en lo particular -Giacomo Puccini murió antes de completar, dejando los esbozos de un posible final- ofrece una de las arias más conmovedoras y popularizadas: «Nessun dorma», el momento que el tenor entona ‘Ma il mio mistero è chiuso in me’. Es cuando Calaf, el único de los pretendientes de Turandot, evita la muerte al descifrar los enigmas impuestos como condición para casarse con la cruel princesa.

«Acá se guardan los telones de fondo del escenario, que son enormes. Están pintados con una técnica, ‘a la italiana’, el lienzo va en el piso y se pinta estando parado, con rodillos y pinceles especiales. Es una técnica antigua que en el Teatro Colón se sigue utilizando. Es un oficio que se perdió y que acá se puede aprender. Se trabaja como en el 1900. En otros teatros estos oficios se fueron perdiendo para abaratar costos; se empezó a trabajar con impresiones, que de lejos dan el mismo efecto. Pero ahora, con las retransmisiones y el HD, todo esto vale el doble. En nuestras producciones se lucen», describe Alcaraz, directora del Teatro que creó hace dos años la carrera de Artes Escenotécnicas, para seguir transmitiendo el oficio artesanal.

La exposición está pensada para todo público y no hace falta ser amante de la ópera para recorrerla: cada estación es acompañada de una pantalla donde se exhibe la puesta en escena que permite reconocer cada uno de los elementos y trajes en la muestra -además de un código QR-, y desde ahí mismo suena, de manera tenue las melodías más icónicas.

El recorrido bien puede pensarse también como un viaje por el mundo: el sector de «Aida», ópera de Giuseppe Verdi -la historia de una esclava etíope de la que se enamora Radamés, el capitán de la guardia del Faraón- traslada al lejano Egipto, con la esfinge -emblema de la puesta-, el palacio, el templo de Fath, las figuras de faraones.

O un viaje a París del 1800, para la ambientación de «La Bohème», de Giacomo Puccini; la historia de cuatro jóvenes bohemios que viven al borde de la miseria, mientras sufren y gozan por amor. El poeta Rodolfo, el pintor Marcello, el músico Schaunard y el filósofo Colline viven diversas situaciones junto a la modesta costurera Mimi y a la cantante Musetta. Sus vestuarios, la buhardilla donde se refugian en invierno, el Café Momus a donde acuden, los juguetes del vendedor ambulante -caballitos, una pequeña rueda de la fortuna- todo se exhibe en Colón Fábrica.

Hay sables y espadas, esculturas y bustos de filósofos, escaleras y tronos reales, hidrantes, fachadas de edificios, columnas con sus capiteles, pianos y velas, soldaditos de juguete y camellos, jarrones franceses y espejos, todo realizado de manera artesanal y fascinante.

«No existe un lugar igual en el mundo que sea de guardado, o reserva, y que puede ser recorrido por el público», asegura Alcaraz y promete que en 2022 van a reponer nuevos títulos, es decir nuevas ambientaciones que podrá conocer el público en esta mágica exhibición.

Actualmente, se despliegan las escenografías y vestuarios de las óperas «Turandot», «La Bohème», «Un tranvía llamado deseo», «Los cuentos de Hoffmann», «Don Pascuale», «Rigoletto» y «Aida» como así también el ballet «El Corsario».

Además, el recorrido incluye espacios de recreación para niños y otros de descanso para toda la familia, donde se podrá interactuar con parte del material escenográfico y tener una experiencia lúdica con los mismos.

También allí funcionan algunas tareas de re acondicionamiento de las mismas. Esto permitirá un ahorro de recursos y de inversión al reducir la producción desde cero, reutilizar producciones y vestuario, y reciclar materiales para otras producciones.

Además, se dictarán materias de la carrera de Artes Escenotécnicas del Instituto Superior de Arte del Teatro, que busca la preservación de los oficios de la escuela italiana de teatros de ópera y posibilitará la formación e inclusión de jóvenes y adultos que aprenderán un oficio reconocido a nivel internacional.

Colón Fábrica se puede recorrer sábados, domingos y feriados en Avenida Pedro de Mendoza 2147 de 12 a 18. La entrada general es de 330 pesos para residentes en Argentina

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